El humalismo ha empezado a copar el Estado con sus partidarios, nombrando comisarios políticos en diferentes dependencias, y preparando un Ministerio de Inclusión Social que parece destinado al clientelaje. Citando a Benito Pérez Galdós: “… están abrumados de compromisos, y no colocan más que a su pandilla, a sus paniaguados, a sus ayudas de cámara y hasta a los barberos que les afeitan…”
Esta mala práctica, ya muy desarrollada en Cuba y Venezuela, se cierne sobre el Perú. El primer paso es copar el Estado con sus esbirros para que luego ellos, enraizados en las jefaturas de los programas sociales, ejecuten sin chistar las órdenes del aparato político, trayendo a nuestra memoria el Sinamos de la dictadura velasquista.La verdadera inclusión social se logra construyendo infraestructura, mejorando los niveles de educación y salud, dando estabilidad a las inversiones nacionales y extranjeras para la generación de empleo. La economía peruana no podrá soportar los subsidios desbocados, ya vemos cómo otros países considerados “ricos” que sucumbieron a la tentación del clientelaje político, ahora están pagando las consecuencias.Un buen ejemplo es lo ocurrido en la Unión Europea, donde las subvenciones indiscriminadas, las becas repartidas sin meritocracia alguna, las ayudas a sindicatos y a asociaciones civiles políticamente afines finalmente les están pasando la factura. Los artificiales “beneficios sociales” aletargaron a una sociedad que rozó el absurdo cuando la izquierda exigía hasta hace poco una jornada laboral de 6 horas y jubilarse a los 50 años de edad en plena crisis.
El clientelismo político es una herramienta muy útil para perpetuarse en el poder, inclusive en democracia. Si no, miremos como ejemplo emblemático a la región (Comunidad) de Andalucía, una de las más pobres de España, donde el Partido Socialista español, enquistado en el gobierno desde hace 30 años, reparte subvenciones de forma indiscriminada. Veamos algunas cifras: en el año 2009 había en España “sólo” 95,101 desempleados en la agricultura, mientras al mismo tiempo el llamado Subsidio de Eventuales Agrarios (SEA), que sólo se aplica enAndalucía y Extremadura, alcanzaba a 158,548 personas. Es decir, había más beneficiados por el subsidio de desempleo en esa zona que desempleados en todo el país, según sus propias cifras oficiales. El surrealismo andaluz en su máxima expresión. Engordar la planilla estatal como solución al desempleo sólo lleva al colapso. Peor aún si se trata de repartir el botín entre los militantes y de utilizar los programas sociales para mantener un voto cautivo entre los pobres, que es la principal barrera para su desarrollo.Esperamos que este gobierno rectifique y no aplique las viejas fórmulas del socialismo, que han traído tan desastrosas consecuencias..
Rolando Reategui / Diario Correo / @roloreategui
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